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LEYENDA DEL DESALIENTO
Hace
mucho tiempo, hace más tiempo del tiempo, que recuerda el tiempo. Las fuerzas del bien y las fuerzas del mal liberaron una
batalla sin cuartel, por muchísimo, muchísimo, muchísimo tiempo. Muy larga, fue como de 100.000 años, al final las fuerzas
del mal fueron vencidas, cuando prevalecieron las fuerzas del bien, Dios Todo Poderoso
que no había osado intervenir en el combate, respetando el libre albedrío y la voluntad de los participantes, llama
a su presencia al soberano de las fuerzas del mal y le dice: HAZ PERDIDO !, el soberano de las fuerzas del mal en una actitud de bastante obediencia y acatamiento
de su voluntad le dice: Si señor, es cierto y Dios le dice al soberano de las fuerzas del mal: ES ENTONCES MI VOLUNTAD, QUE
A PARTIR DE HOY PIERDAS TODO EL PODER QUE HAZ TENIDO SOBRE CUALQUIER CRIATURA EN EL UNIVERSO, TODOS TUS PODERES, ES DECIR.
LA LUJURIA, LA ENVIDIA, LA GULA, EL ODIO,
ETC. TE VAN A SER QUITADOS.
El
soberano de las fuerzas del mal agacha aún más su cabeza y dice: Sea tu voluntad mi señor. Dios lo ve y sonríe, porque en
realidad le estaba poniendo una prueba y le dice: VIENDO TU ACTITUD TE VOY A PERMITIR QUE CONSERVES UNO, PERO SOLO UNO DE
TUS PODERES, ESCOGE, PUEDES TOMARTE UN PAR DE MILES DE AÑOS PARA ESCOGER, SI LO DESEAS y el soberano de las fuerzas del mal,
levanta la cabeza por primera vez y le dice a Dios: mi señor, no necesito tanto tiempo, previendo el desenlace de la batalla
en los últimos diez mil años este ha sido el motivo de mi reflexión, así que si me lo permites tengo lista mi respuesta, y
le dice Dios: ADELANTE.
Quiero
señor que me concedas el poder de sembrar el desaliento en el corazón de los hombres, y se queda callado; Dios se le
queda mirando y dice: COMO? y el soberano de las fuerzas del mal le responde: Si mi señor, quiero que me concedas el poder
de sembrar el desaliento en el corazón de los hombres; llega Dios y le pregunta:
POR QUE? y el soberano de las fuerzas del mal le dice: Porque mi señor, yo se que si me permites sembrar el desaliento, todo
lo demás que he perdido lo volveré a ganar, a través del desaliento podré volver a atraer la lujuria, la envidia, la gula,
el odio, etc.
Y
entonces dice la leyenda que Dios, con una mirada triste y una sonrisa igualmente triste le dice: MI PALABRA ES MI PALABRA,
CONCEDIDO.
Dice
la leyenda que desde ese entonces la única batalla real que se libra en el corazón de los hombres y mujeres del mundo es la
batalla contra el desaliento.
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